martes, 5 de febrero de 2013

Entre el nacimiento y la mar; la luz. Por Zyanya Mariana




Quién pudiera dormir/ y despertar como la verde rama, ¿quien pudiera ser bello como árbol inmóvil sin sucumbir al viento?  ¿quién pudiera andar sin caer?  ¿Quién fuera luz para no temer las fuerzas tenebrosas que habitan lejos y dentro? ¿Quién? Pregunta la poeta. ¿De dónde viene la luz?/… ¿Muere en mi?,  añade como si fuera un bardo de la antigüedad y responde cantando, sin titubeo, que la luz de ella viene y a ella va.  No es San Juan de la Cruz muriendo porque no muere, no es Al Jallah extasiado como palomilla en el fuego de la vela, es una mujer lejos de las luces fosforescentes que nublan las calles de hoy, lejos del bullicio que ensordece el silencio, lejos de las alturas porque sus pies y su canto están en la tierra; …hasta donde la sombra ya no puede caer..  Y repito la palabra tierra como si fuera cuerpo y siembra, piedra; como si fuera cosa pequeña o día después de las noches; como si fuera el fuego del Colorín despidiendo el invierno o las  imágenes de Carmen Amato deteniendo el instante. 
Paralelo al sutil mecanismo de una cámara fotográfica ambas, poeta y fotógrafa, revelan en sus composiciones el milagro de la luz insertada en el tiempo.  Con palabras/ de sombra/ te glorifico/ luz de la fuente/ fuente de la luz.  Qué lejos están los días cuando había Nostalgia de la Luz, que lejos la sombra que parecía infinita, qué lejos está del clarín del gallo y la puerta cerrada; de la cocina que está después del patio que está pasando el zaguán donde cuelga la llave; que lejos.  Y es que el milagro se detiene en el recuerdo que finalmente llega después del olvido pero también se posa en las tempestades que prometen los amores y los vínculos. 
No hay pretensión alguna ambas, transitando por la tierra, elevándose apenas, flotando/ como espuma/ adherida adherida.,  saben que la vida fluye como el río y que deriva en la muerte, pero también saben que entre el nacimiento y la mar, la luz; que entre el día y la noche, la luciérnaga; que entre el ruido y el silencio su canto, el canto de Dolores y Carmen.  Hoy el camino solitario de cada una se encuentra como foto y verso, pero sobretodo como hilo anudado entre la trama y la urdimbre que sabe por experiencia que la vida de a dos es más sencilla, porque te arrastra el agua sin ahogarte, pero que sólo solo se encuentra “Contemplo  mis años a solas/ …y parece que nacieron ayer/… y se fingen sonámbulos/… para confiarme/ lo que ya no les pertenece:/ el día luminoso/… el vuelo de la vida en torno mío…”
¿Quién pudiera dormir sin temer que el día se acabe? ¿quién sería capaz de atravesar las aguas lodosas y salir limpio?  ¿Quién? pregunto después de ver y leer, ¿Quién, si todos nos movemos en el juego de las paradojas?  ¿quién? Me respondo que aquel que se mantiene bellamente inmóvil como la rama verde y que  A la sombra de las palabras…  encuentra la rendija de luz y su ascendencia.   

Zyanya Mariana
Septiembre 2010

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